05 diciembre, 2011

La Ciudad de la Niebla (Acto I, I)

Acto I

Escena Primera: Voces en la Oscuridad

Se escuchan pasos en la oscuridad. No hay más sonido que el de varias docenas de botas nuevas que se desplazan por una superficie de mármol impoluto. La pureza del sonido es hipnótica. Todos los pasos llegan a un punto en el que la luz es ambigua. No se descubre nada en absoluto pero el contraste de sombras grises y el abismo del suelo desvelan un movimiento que cesa en el mismo instante en el que arranca la primera voz. Las figuras, si es que las hay, se paran en seco. Ocultos entre las tinieblas del anonimato planean una acción devastadora. Hay voces buenas y voces malas. Las que se reúnen en esta noche son de las segundas.

Voz dorada: Nos hemos reunido para tomar una decisión muy importante
Unísono: Exacto
Voz tenue: Hay que tejer un plan y hacerlo bien; recordad hermanos que no podemos ser descubiertos. Los cimientos son inestables
Voz imperiosa: Hay que hacerlo ya y rápido. ¡Dejad las formalidades para otro día! La noche es corta y la suerte no nos bendice
Voz imperante: Lo que necesitamos es un asesino. El rey blanco debe morir y debe hacerlo ya
Voz anónima uno: Pero debemos ser cautos. Los astrólogos así lo han advertido. El firmamento ha cambiado.
Voz única: Se hará lo que estaba planeado. El rey debe morir; es un peligro. El secreto debe morir con él, igual que con el emperador
Voz anónima dos: Todavía no hay nada planeado. Debemos pensar cuál debe ser la mejor opción.
Voz desafiante: La decisión ya ha sido tomada. Pronto estará muerto
Mente incierta: Cuidado con las sombras. Hay cosas más oscuras que el alma humana.

En un lugar inhóspito un sepulcro se abre. El mundo en blanco y negro que ve a través de sus ojos se va volviendo cada vez más nítido, pero la luz de las velas le impiden ver la oscuridad con la que tanto se siente identificado. Alza los brazos y los extiende y sale de su prisión mortecina. Afuera es de noche. Algo que está muerto y a la vez no surge entre tinieblas y con una mirada fulminante de odio intenta adivinar quién le ha despertado.

Asesino: ¿Quien osa despertarme a mí?, ¡Yo, que soy rey del asesinato y de las sombras exijo respuesta!
Voz lejana: Somos el silencio entre el relámpago y el trueno. Somos el miedo del soldado. Somos la luz en tu mirada.
Voz tenue: Somos la luz en tu mirada
Unísono: (Risas)
Asesino: ¿Quien debe morir?
Voz dorada: El rey blanco
Asesino: ¿Cómo?
Voz dorada: Tu cuchillo atravesará su corazón
Asesino: ¿Cuando?
Voz extraña: (con interferencias) Tiempo al tiempo, cuando llegue el momento lo sabrás
Asesino: ¿Por qué debe morir un rey justo?
Silencio: (no hay respuestas)
Asesino: Así sea
Voz dorada: Devolvedle la vida, pues no puede matar quien ya está muerto

Mente incierta: El asesino ha vuelto. Las sombras se agitan. Un mal avanza por el mundo. Las coronas tiemblan y los escalofríos recorren las espaldas de aquellos que han conocido el verdadero miedo.

Las voces se disipan y una brisa ligera borra todo rastro de conversación. Aquella reunión nunca ha existido. Las velas se apagan y el suelo se cubre de agua. La marea sube. Un sepulcro está vacío.

Continuará...

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